ESTÁ USTED ENTRANDO EN UN ESPACIO LIBRE DE TODA POLÍTICA. Gracias por respetarlo.

Puedes contactar también por correo electrónico: coyotevirtual@gmail.com

domingo, 20 de enero de 2008

COMIENDO SOLO

Desde algo antes de las Navidades he cogido la costumbre de ir con cierta frecuencia a comer al campus. Fundamentalmente cuando estoy en turno de mañanas. Resulta cómodo, rápido y es económico. Pero no es promocionar las excelencias de comer fuera lo que ha hecho que me ponga a escribir.

Comer sólo fuera de casa es una experiencia. Si además lo haces en un comedor universitario la experiencia se multiplica.

El comedor es una enorme sala cargada de gente peculiar. Habitualmente no nos damos cuenta, vamos con nuestra compañía y estamos pendientes de ella. Pero cuando vas a comer solo la cosa cambia. En primer lugar, observas más a tu alrededor, no tienes con quién conversar ni a quién atender entre bocado y bocado. Y descubres una “fauna” curiosa. En tu alrededor, si eres curioso como yo, captas, sin ninguna mala intención, retazos de conversaciones ajenas. Así descubres cosas curiosísimas, como que las póco más que adolescentes aspirantes a divinas de la muerte de la mesa de enfrente están hablando de cuernos. Concretamente de que, vamos a llamarla María, fue a una peluquería y se encontró a la que se había tirado a su novio, y se quedo allí como si nada, increíble para sus amigas. Esas mismas chicas, cuando se levantan, en efecto dominó desencadenan las miradas y comentarios en masa del grupo de chicos de dos mesas más allá, que no se cortan ni un pelo ni en sus miradas, ni en sus risas ni en sus comentarios sobre el culo de una de ellas.

En contrapunto un individuo a mi lado que a todas luces dejo hace años de ser universitario conversa con una mujer entrada en kilos q presume de buena cocinera a la que al parecer no conoce de nada. Pero ello no es óbice para que le desgrane el arte de comer barato fuera de casa en Zamora, tema en el cual es experto a raíz de ser separado desde hace 17 años. Interesante imaginarse al tipo, elegante sesentón, en alguno de los sitios que ha mencionado (burgers poblados de adolescentes chillones y poco recatados).

Siguiendo nuestro periplo encontramos otro contrapunto. Todo un señor Inspector médico comiendo con otro tipo que seguramente no sea universitario tampoco. Conversación seria, gesto de flema… y el acompañante de nuestro inspector se duerme nada más acabar el postre sentado allí mismo. Sin inspector también duerme, incluso con la cucharilla y el yogur de la mano, que no deja de tener mérito. Envidiable capacidad la que presenta el sujeto para dormirse y curiosa selección de lugar de siesta. Así casi todas mis apariciones por allí, para despertarse bruscamente, recoger sus enseres y desparecer con prisa.

Como veis un comedor, si vas sólo, puede llenarse de experiencias que habitualmente pasarían desapercibidas. Como me figuro que no soy el único que se fija en su entorno, yo soy el calvo con perilla rara que llega casi el último a comer, se sienta con cara de sueño y de estar algo ido, come a toda velocidad, recoge su portátil y se larga con prisas.

CYBRGHOST

miércoles, 9 de enero de 2008

AMIGOS DEL TRABAJO

Vaya por delante que esto no es un reproche ni va por nadie ni contra nadie. Porque igual alguien se da por aludido y no quiero despertar susceptibilidades. Es simplemente la constatación de un hecho por parte de quien ya ha pasado por unas cuantas empresas y con una durabilidad respetable en varias de ellas.

Las amistades del trabajo son algo voluble y pasajero. En el trabajo, como lugar en el que pasas un buen número de horas de tu día y de tu vida, se desarrollan una serie de afectos. Es mi intención descartar los negativos, aunque a veces resulte inevitable y en ese caso procuro mitigarlos lo más posible. Porque como alguien, un amigo del trabajo, me dijo una vez, no merece la pena estar a mal con nadie, porque no sirve de nada. Más habitual, si todo marcha bien, es desarrollar sentimientos positivos hacia alguna de la gente que te rodea. A medida que pasa más tiempo vas enterándote de intimidades de la persona y confiándole tú también las tuyas, en mayor o menor medida. Es característico también que a esas personas no sueles verlas fuera del trabajo; nunca hay manera, siempre demasiadas ocupaciones. Y un buen día acabas en ese trabajo.

Al principio de irte del trabajo todo es muy bonito. Te desean (o deseas) lo mejor, llegan mensajes, a veces hasta hay llamadas. Raramente incluso te tomas algo con quien nunca podía quedar cuando trabajabais juntos. Sueles visitar tu antiguo trabajo y todo es color rosa. Pero poco a poco cada vez hay menos contacto, las felicitaciones, luego ni se contestan o ni llegan. Y un buen día pasas por tu antiguo trabajo y te sientes imbécil. Ya no conoces a la mitad y te sientes un bicho raro con los que aún quedan. Yo soy un nostálgico y aún así me quedarán un par de visitas antes de darme cuenta de que no tiene sentido volver. Y así se va diluyendo en el vacío gente que creías importante en tu vida. Pero apenas nos damos cuenta, porque ese espejismo se repite en el siguiente trabajo. Y en el fondo es hasta necesario, porque en la medida que desarrollemos esos afectos nos encontraremos más agusto. Y acabas saludando a gente que un día fue importante al cruzarte por la calle por inercia, como quien habla del tiempo con el vecino en el ascensor.

Los amigos del trabajo son como la marea, vienen y van, siempre es lo mismo aunque nunca es igual.

Por supuesto, hay excepciones.

CYBRGHOST

martes, 1 de enero de 2008

NEBULOSA SOCIAL

No es un problema exclusivamente mío. La gente nos vamos haciendo mayores, tenemos trabajos, viajamos, nos casamos, tenemos familia… Poco a poco las obligaciones nos van robando tiempo libre, lo van cambiando de disposición o nos cambian de sitio. Hay gente que tiene suerte, y bien sus ganas de vida social ajena a su propio círculo más interno disminuyen o bien lleva bien la disminución de esa vida social. Otros tienen aún más suerte, tienen un don innato para hacer nuevas amistades, para conocer nueva gente y conseguir integrarse en otros grupos. A otros nos cuesta.

Estamos cada día más rodeados de gente. Compañeros de trabajo, gimnasios, clientes… No obstante, es cada vez más difícil obtener nuevas relaciones sociales de cierta profundidad. Y no hablo ya de hacer amigos del alma, si no de la simple dificultad para conseguir ampliar la gente con la que te tomas un café o te vas a tomar unas copas. Tenemos el móvil de gente y gente, pero si tratas de utilizarlo normalmente no hayas respuesta. Lo reconozco, cuando me atrevo a utilizarlos, que soy tímido, suelo enviar un sms. Que no te respondan es menos duro que no cojan el teléfono o que te digan no de viva voz (y quiero pensar que para el destinatario también). Cada día cuesta más conseguir que la gente se abra.

Hay un término que se emplea mucho y que yo elevo a la categoría de concepto: el “Círculo Social”. Un círculo es una figura cerrada, en contacto con el exterior pero aislada. El término me resulta muy descriptivo. Como buen Coyote eso no va a hacer que me rinda ni deje de intentar “romper” círculos. A mí me gusta otro concepto, no se qué os parecerá, pero pensad en ello. Abogo por la “Nebulosa Social”, por ponérselo un poquito más fácil a quien quiere acercarse a nosotros. Por nada del mundo debemos olvidar a los que permanecen cerca de nosotros en los momentos más duros, a la gente que toda la vida nos ha querido. Pero eso no debe impedirnos dejar que la gente entre y salga de nuestras vidas, se aproxime todo lo que quiera aunque pueda alejarse después. Cada vez corremos menos ese riesgo, y, posiblemente, nos estemos perdiendo personas que merezcan mucho la pena. ¿Corremos el riesgo?.

Miguel Angel.
CYBRGHOST