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lunes, 16 de junio de 2008

PASIÓN DESBOCADA

Hacía tiempo que estaba harto de la etiqueta de inofensivo que el sexo opuesto le había colgado. Quizá fue eso lo que le llevó a aquel comportamiento de poseso. Sea o no la razón el caso es que en cuanto ella cruzó el umbral de la puerta tiro de ella y la coloco contra la pared. Sus brazos quedaron aferrados sobre su cabeza y la cara con un rictus de sorpresa que habría sido cómico si no fuera por el olor a deseo que impregnaba todo. Sus labios atacaron su cuello mordisqueando y lamiendo rápida y torpemente, con un toque de rabia, otro de precipitación y varios de lujuria. Pronto reaccionó y una explosión de energía se produjo cuando comenzaron a devorarse mutuamente los labios. Saboreaba ansioso esa turgencia, disfrutaba cada ápice de su sabor. Pronto sus lenguas se entrelazaban en sus bocas, en una extraña mezcla de danza y pelea por dominar. Mientras, había soltado sus brazos y había colado sus manos bajo la camiseta, y magreaba su cálido pecho, comprobando en la dureza de sus pezones que no le disgustaba la maniobra. También parecía indicar lo mismo las manos de ella tirando de sus nalgas hacia si, para hacerle notar el calor que estaba provocando entre sus piernas, o quizá para comprobar que sus sospechas eran ciertas y que su falo no quería aguantar mucho en la presión de los pantalones. Pararon un instante y sus miradas se cruzaron. En la de él un brillo de animal salvaje en celo, en la de ella una mezcla de desafío y deseo. La agarró por sus nalgas y la levanto del suelo. Ella le correspondió aferrándose fuerte con sus piernas. Le respondió mordiendo sus pechos sobre la ropa, mientras se dirigían a la cama a trompicones, chocando con las paredes, mordiéndose, lamiéndose, tocándose… torpe y desaforadamente, poseídos por el deseo. No llegaron a la cama. En el sofá la arrojó para casi arrancarle la camiseta e ir sin más preámbulos a deshacerse del pantalón. Ella no se quedaba atrás, desabrochando su camisa y haciendo caer un botón como daño colateral, mientras su mano apretaba el miembro, encantada de que siguiera mostrando su abultado interés por ella. En menos de dos minutos nada cubría sus cuerpos. Las rodillas de ella reposaban sobre los hombros de él. Sus ojos casi en blanco mientras la lengua abría su sexo saboreando los jugos de las acometidas anteriores hasta encontrar el pequeño botón del placer. Se esmeró en él moviendo rápida y voraz su lengua mientras introducía con un movimiento circular un par de dedos, como si de un sacacorchos se tratara, y no tardó en sentir una explosión de placer. Apenas diez segundos y ella le clavó una mirada de gata en celo que casi asustaba. Le obligó, ciertamente sin mucha resistencia, a sentarse, y sin mediar palabra se aplicó en demostrarle que sus labios y su lengua no estaban dispuestos a perder la partida. Cuando él ya no podía más aún se permitió el lujo de incorporarse haciendo coincidir su verga con el canalillo mientras se incorporaba de forma exageradamente lenta, con sonrisa viciosa mirando la cara de lelo que el placer le había dejado. Menos preámbulos tomó en agarrar su falo y colocarlo en la entrada de su sexo, antes de empalarse de un solo embite, soltando un gemido ahogado. Se movía sobre él como una diosa, o como un demonio, mientras el tiraba de sus nalgas y empujaba como si quisiera atravesarla. La lucha de placer se prolongo durante interminables minutos. En un momento dado él no aguanto más su control, que estaba desesperándole de placer, y la levantó empalada en su miembro comenzando a bombear salvajemente dentro de ella. No tardó ella en gemirle con voz ahogada al oído “me voy, no aguanto, me voy, dámelo”. Él , que estaba hace minutos tratando de controlarse, acató la orden, y soltó un bramido, y con él todo su semen palpitando dentro de ella, que respondió con un grito de placer acompañado de una contracción de su sexo aprisionando el falo que acababa de llevarla al climax en su estallido final. Se dejaron caer exhaustos y sudorosos sobre el sofá de nuevo, cubriéndose el cuerpo de besos suaves y tiernos.

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