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domingo, 28 de febrero de 2010

CASA FRÍA


Su Mano se posó sobre el vetusto mueble del salón y lo recorrió despacio, cabizbajo. Miró de soslayo los dos juegos de café que cobijaba y dibujó en su rostro una mueca torcida. No era su primera casa. No iba a ser la última. En unos días la dejaría como hizo con varias antes. Era un ser social, no había más que soltarlo en la calle. disimulaba su notable timidez empleando con elocuencia su desparpajo cuando alguien le daba pie. Era un tipo afable y presto al favor, con lo cual apenas se había granjeado enemigos. En general resultaba un tipo simpático, con fama de bonachón, poco espabilado y algo pesado. De tanta vuelta, tanto destino y tanto viaje ya no tenía muy claro dónde estaba su sitio, si es que había pasado por él. Dentro de sus modestas posibilidades había cuidado los pequeños detalles de la espartana decoración de su hogar. tenía alma de bereber y nunca faltaba algo que ofrecer a las visitas. Tragó saliva y un sabor amargo le recorrió la garganta. Trato de recordar al último visitante, pero no se puede establecer un recuerdo sin un hecho. No obstante de las buenas intenciones, las invitaciones y los compromisos adquiridos al final se repetía la historia. El aire se le antojo plomizo como el de un mausoleo. No pasaba de ser el tipo de gustos extravagantes a quien nadie tomaba en serio. En su día fue un tipo prometedor que marcaba tendencia. Pero el tiempo en que siempre había alguien que le debía un favor formaba parte de un pasado que se le antojaba más lejano de lo que en realidad era. Hizo una única mala elección, pero suficiente para dejarlo fuera de juego. Cogió un compacto y lo introdujo en el equipo de música. Mientras se servía una copa, el estribillo repicaba machaconamente... "The Show Must Go On,The Show Must Go On....".

CYBRGHOST

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viernes, 19 de febrero de 2010

NO SOY ESCRITOR


El Arte de Escribir consiste en que el magma en ebullición de nuestra creatividad fluya ordenadamente por el brazo canalizado al papel. Unos pocos privilegiados viven de ello, algunos incluso bien, y algunos más poseen ese don. Envidio su capacidad para sentarse ante un papel o un teclado), concentrarse y dejar salir las historias. Admiro esas mentes efervescentes capaces de elucubrar tramas y personajes y llenar página tras página día a día.
No hace mucho leí en el dominical de algún periódico un artículo relativo al los blogs y el auge de los microrelatos frente a la literatura "convencional". Un autor, no recuerdo quien, argumentaba que los blogs de microrelatos se nutrían de escritores frustrados sin el talento necesario para escribir una novela. Quizá olvidara el nombre para evitar valorar el ego que me transmitió. Pero el caso es que de lo que si se nutre es de gente para los que Escribir, así, con mayúscula, es una utopía. Yo no poseo el talento ni para un microrelato de unas pocas páginas. Me planté en el nanorelato. Tampoco soy capaz de ponerme a escribir disciplinadamente y que la Creatura sea potable. Apenas hay una brizna ocasional de inspiración, necesariamente en soledad. Preciso de calma ambiental y gran agitación emocional (positiva o negativa) para desenterrarla. Y los momentos escasean. El Proletario medio de este pais sueña con una lotería. Yo, que aún no me curé del todo de utopías, sigo prefiriendo soñar con escribir un libro o hacer grandes fotos.
Hagamos un auto de fe y reconozcamos que este camino que se me estrecha semana a semana no es más que un ejercicio de vanidad y una viriasis de ego de la que al menos algo llevaré de provecho.

CYBRGHOST

La fotografía corresponde al bolígrafo con el que escribo los borradores de mis entradas al blog, que me regalaron las alumnas de un curso que impartí. Puede que la incluya en la serie Bodegones.

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viernes, 5 de febrero de 2010

EL HOMBRE DEL RINCÓN DEL BAR.


Era un tipo cuanto menos curioso. Solía acudir siempre a media tarde. “Hola, ponme un café con leche cuando puedas” al entrar y “¿Qué te doy?” al recibir su pedido era lo único que hablaba, siempre sonriente, y con la mirada triste, o quizá cansada, en contraste. No sabría decidir si su estilo era clásico o moderno; me decantaré por definirlo como un moderno clasicista. Lo que nunca faltaba en su indumentaria era un viejo bolso de los que llaman reportero y algún tipo de gorra. Cogía su café en la barra y se dirigía a aquel rincón. No era el más cómodo, ni siquiera estaba sentado. Miraba a la calle a través de la enorme cristalera. Era una calle anónima, sin nada que ver, o con tanto por ver como cualquier otra. Acostumbraba sacar una libreta, o una agenda, no sabría precisar, y escribía brevemente algo, con aire pensativo. Mientras bebía distraídamente, y a la vez paladeándolo, pequeños sorbos del café. A veces hojeaba desganado alguna revista. Y transcurridos unos quince o veinte minutos, como si de pronto hubiese recibido un fogonazo de memoria urgente, apuraba el ya frío café, recogía precipitadamente la libreta y se iba, con aire de llegar tarde a alguna parte. Tras observar su rutina a lo largo de los días pregunté quién era al camarero. “La verdad es que no lo sé”, me respondió, dejando en su cara un gesto de curiosidad intrascendente similar al mio.

CYBRGHOST

La fotografía es el nº 10 de la Serie BODEGONES

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