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jueves, 31 de diciembre de 2015

¡DETENGAN LA NAVIDAD!

Ricardo era un tipo analítico y pegado a la tierra. El pasado era historia y sólo se consentía mirar al futuro para planificar y anteponerse a los contratiempos.
Eso había hecho cuando instaló aquel sistema de alarma. En estas fechas, con la mitad de las casas vacías y la otra mitad inmersa en ruidosas celebraciones, las posibilidades de sufrir un asalto se multiplican. La llamada de la empresa de seguridad la mañana del veinticinco confirmaba su razonamiento. La madrugada anterior la Policía había detenido a un tipo gordo con barba blanca que trataba de introducirse en su casa por la chimenea. O eso le pareció entender; con el volumen del llanto de su sobrino frente al árbol de Navidad no estaba seguro.

Miguel Ángel Pegarz

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jueves, 24 de diciembre de 2015

CUENTO DE (accidentada) NAVIDAD

Todo estaba dispuesto en la mesa como cada año. La abuela presidiendo, con el recuerdo del difunto en la cabeza. Ya hacía un par de años que no discutía ocupar el lugar principal con su hijo mayor. Había aceptado los argumentos de su primogénito; los tiempos evolucionan y el género no debería pesar. Sus hijas y su nuera, en perfecta sintonía, se ocupaban de los preparativos y el menú, siempre atentas a su consejo. Los nietos seguían creciendo, algunos ya haciéndose mayores, en aquella mesa. Y como siempre sus yernos discutiendo desde el inicio de la cena.
La conversación fue subiendo de tono mientras el vino bajaba y varios nietos se habían unido ya a una enconada discusión. Entre el fragor la abuela llevó una mano al pecho y la otra al pulsador de emergencias. Alguien cogió el teléfono apresuradamente.
Un tipo corpulento vestido de rojo y con una poblada barba cana entró al salón acompañado de una chica y un chico que se afanaban ella en seguir sus instrucciones y prestar consejo y él en proporcionar lo que pidieran. El resto guardaba un espeso silencio. Todos querían a la anciana matriarca más allá de sus diferencias. El brindis final había quedado en suspenso a expensas de ese hombre. Al rato dibujó una sonrisa franca entre las canas de la barba y pronunció  cuatro palabras que sólo él podía pronunciar: “Se recuperará. Feliz Navidad”.

Miguel Ángel Pegarz

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jueves, 17 de diciembre de 2015

UNA VUELTA AL RELOJ


Desde que ascendiera en la escala social, la obsesión de Horacio Benoit siempre fue “un buen reloj, de señor”. Planificó un viaje a Suiza exclusivamente para que le fabricaran uno, haciendo alarde de la fortuna familiar. Era un reloj precioso, de oro con profusa filigrana. Ni que decir tiene, la maquinaria era perfecta. Pero a Horacio Benoit no le pareció bastante, quería algo más exclusivo. En la cara interior de la tapa fue grabado el perfil de Don Horacio y el apellido Benoit en letras góticas. Sólo entonces se dio por satisfecho.
Ernesto Benoit malvendió la fábrica, luego la biblioteca, después el palacete familiar para mudarse a una casa más modesta… Hoy vendía en una casa de empeños el reloj que su padre, el gran Horacio Benoit, de Conservas Selectas Benoit, le había legado. Era eso o perder la casa.
De su padre, Daniel Benoit sólo tenía el apellido. Su madre los alejó de él cuando sólo contaba tres años. Ella le contó que su adicción al juego lo había echado todo por la borda. Le abandonó antes de que los hundiera con él. La historia familiar la fue hilando Daniel con retazos de conversacines breves entre los múltiples trabajos de su madre para llegar donde la beca no alcanzaba. Lo que fuera para que llegara a ser el arquitecto que es hoy.
Daniel no sabe si es su herencia o las historias de su madre, pero desde que empezó a despuntar como arquitecto sólo se ha permitido un lujo extravagante: coleccionar relojes de mano. Fue ver aquella filigrana y enamorarse. Entró con ánimo de regatear, se veía algo gastado y podía mejorar el precio. Pero cuando abrió la tapa y vio aquel perfil barbudo y esas letras góticas, depositó un fajo de billetes sin rechistar sobre el mostrador del anticuario.

Miguel Ángel Pegarz

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jueves, 10 de diciembre de 2015

HUNDIMIENTO A LA VISTA


Mi vida se hunde
Mi vida se hund
Mi vida se hun
Mi vida se hu
Mi vida se
Mi vida s
Mi vida
Mi vid
Mi vi
Mi


 Miguel Ángel Pegarz
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jueves, 3 de diciembre de 2015

APARICIONES MUTUAS

Vuelven a ser invisibles. Es ya la tercera o quizá la cuarta vez que me pasa mientras huyo de ellos. Extrañamente no parecen hostiles, su gesto es más bien una mezcla de atracción y espanto. No obstante, no pienso averiguar que quieren. Unos seres que se diluyen en la nada mientras me persiguen para volver a manifestarse no me inspiran la mínima confianza.
¿Qué es esa luz? Me deslumbra, me rodea, me sumerge… Una voz se desliza a lo más profundo de mi mente: “Déjalo ya, asúmelo, has muerto” repite firme y seductora.

Miguel Ángel Pegarz

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